miércoles, 29 de abril de 2009

Amor a ultima vista

Uno de mis libros preferidos es Ancho mar de los Sargazos de Jean Rhys. Ese es uno de los libros que yo saco a pasear junto a mis vestidos de verano.
Para aprovechar la demora habitual que hay en este tal lugar, me senté a leer. Estaba muy entretenida odiando a Rochester, cuando levanto la vista y lo veo. Me mira. ¿Me mira? ¿Me está mirando? Cierro el libro. Miro a mí alrededor para cerciorarme de que es a mí a quien está mirando. Repaso el monitor con la mirada en una suerte de movimiento involuntario para volver a fijar la vista en él y no quedar demasiado evidente . Ahora él está mirando hacia otro lado, así que yo mantengo la vista en su cara unos segundos. Parece un poco triste. Se da vuelta. Nuestras miradas chocan. Su mirada es intensa. Casi me duele . Bajo la vista. Vuelvo al libro. “Cómo pueden ser irreales los ríos, las montañas y el mar?”- le pregunta ella al inglés. Él le contesta “¿Cómo pueden ser irreales millones de personas, con sus casa y sus calles?” Para Antoinette, que creció en una isla, las grandes cuidades le parecen irreales, casi como un sueño. A mí todo en este lugar me parece irreal, deshumano. Me hace sentir vulnerable. Lo miro. Me mira. Estoy tan vulnerable pero él no lo sabe. Por un momento me da la impresión de que quiere hablarme, decirme algo, ensayar un acercamiento, pero no. No lo hace. Lee el monitor. Se levanta. Llegó lo que estaba esperando. Vuelve a mirarme. Le sonrió sin querer. Me sonríe mientras se aleja. Ahí se va otro amor a última vista.

Vuelvo al libro.

“Esto es irreal y como un sueño”- dice Rochester.

“Esto es irreal y como un sueño”.

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